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  1. Grazie.

    sábado, 16 de febrero de 2013


    La vida misma es como un gran premio, la velocidad la chispa de la vida, aquella pócima mágica que te da alas para seguir adelante, sin miedo, para conseguir llegar a la meta y ver, desde el cajón más alto del podio como el mundo entero se rinde a tus pies.  Es pues la mejor perspectiva la que te da el éxito, la que te hace ver como cada gota de sudor, cada noche sin dormir e, incluso, cada caída vale la pena, pues en la vida todo esfuerzo, tarde o temprano, siempre es recompensado. Cada vuelta una experiencia que contar, cada caída un sólido motivo por el que seguir adelante. El circuito, la vida, no siempre recta y, por supuesto, no siempre es momento de acelerar, el saber frenar es un valor a tener en cuenta. Aceleras, frenas, te caes, te levantas, vuelves a empezar, llegas a la gloria.

    Y es que esta visión vital, esta forma de vida solo es comprensible por todo aquel amante de la velocidad: aquel que se emociona en cada curva, el que cuenta los días entre GP, el que ve motos en los lugares más inverosímiles posibles.  Porque, realmente, el día en el que te das cuenta de que todo esto forma parte de ti, el día en que lo aceptas como una verdadera forma de vida es cuando, realmente, te sientes una persona diferente. Es entonces cuando empiezas a contar en milésimas de segundo y comienzas a vivir a 300 Km. /h. 

    En esta misma carrera, a la que solemos llamar vida, te encuentras miles de corredores que, junto a ti, intentan conquistar la gloría eterna. Grandes compañeros con los que compartir sonrisas, lágrimas, éxitos y fracasos. Una familia en toda regla, un grupo de personas con el que puedes contar a pesar de la distancia que, incluso pueden saltar la barrera virtual para formar parte de tu vida, convertirse en grandes personas a las que, verdaderamente, considerarlas parte de ti, hermanos que, sin la misma sangre, te acompañarán hasta en los momentos más duros.  También es reconocible que en estos mundos, muchas de personas escondidas cobardemente tras el anonimato intentarán hacerte daño, pero hay que saber a aprender que no hay mayor desprecio que el no hacer aprecio.

    Nunca imaginé que una plataforma como twitter pudiera marcar un punto de inflexión en mi propia vida.  Las aficiones son más fructíferas cuando son compartidas con personas que, realmente, comprenden tu forma de pensar. Lo aprendido junto con estas personas sobre todo este mundo es admirable. A mi alrededor mucha gente no me entiende o no quieren entender lo que todo esto supone en mi. Y es que lo que para algunos son simples locuras, para otros son simples actos de voluntad hacia el fin que suponen seguir un deporte como este. Es difícil explicar lo que esto supone de por sí, pero si algo he de tener claro es que, si esto es lo que me llena, lo que realmente me hace feliz, lo perseguiré cual piloto apura al máximo para conseguir llegar a meta, aunque la carrera esté limitada por las peores condiciones, aunque te quedes solo en la pista, aunque la propia moto no tenga fuerzas para seguir adelante. El podio es la gloria y la gloria es la meta. 

    Cada uno posee sus propios gustos, sus propias inclinaciones ante pilotos, marcas e incluso forma de pilotar, sin embargo, cuando se trata de estar unidos, no existe una afición mejor. En los malos momentos, siempre estamos allí todos. Es realmente gratificante ver como, aficionados al piloto de signo contrario al tuyo, te felicitan después de cada conquista. Las rencillas son inevitables en todo deporte, e incluso son positivas hasta cierto punto, le dan ese toque picante que se manifiesta en forma de emoción desmedida en cada cruce, en cada adelantamiento. No hay que olvidar que todo esto es un deporte, en el cual, sin competición, las ansias de mejorar, de llegar a lo más alto, desaparecerían.

    Admiro a muchas personas que he conocido gracias  a este bendito mundo, pero me siento en la obligación de hacer una mención especial a mi familia amarilla, los Rossistas. Soy aficionada a otros deportes, formo parte de otras aficiones, pero nunca en la vida me había topado con ninguna otra como los seguidores de Valentino Rossi.  Valen ha sido, es y será siempre un grande del motociclismo, para mí, podrán llegar otros mejores que él, sin embargo, nadie como él; odio las comparaciones del tipo: “el nuevo Rossi”, aunque me guste mucho el piloto al que le sea aplicada, porque él, precisamente él es único, inimitable.  

    Juntos hemos pasado grandes épocas, hemos ganado inmensas batallas junto a él.  Nos hemos elevado a la gloria gracias a él e incluso, hemos probado las más dulces mieles del éxito. Sin embargo, no todo es oro lo que reluce y, en los peores momentos las grandes personas se hacen aun más grandes. La resignación primeriza se convierte en unión, perseverancia y fuerza. Es como amarrarse a lo más dentro de tu propia esencia para, cual ave fénix resurgir con aún más fuerza, sonreír incluso cuando más difícil resulta y gritar en medio de la tormenta que volverás, lo conseguirás.  Ahora pues, más que nunca hay que permanecer unidos, Restiamo uniti nos dijo él, pues si nuestra última oportunidad no funciona, de nosotros depende demostrarle que nunca, jamás estará solo, porque si algo no funciona, allí donde este él, estaremos nosotros, dispuestos a empujarle hasta la meta, por muy duro que sea el camino.




    Es por eso que hoy, precisamente hoy, dieciséis de febrero, cumpleaños de una de las personas más grandes que ha pisado este mundo, lejos de felicitaciones que se pierden entre millones de tweets, quiera daros las gracias a todos y cada uno de los rossistas que he conocido a lo largo de todos estos años. Tengo la desgracia de no tener a nadie cerca de mi entorno con el que compartir mi gran admiración por el 46, por ello agradeceré siempre formar parte de esta gran afición. Gracias por compartir junto a mi cada carrera, cada opinión, cada lágrima y cada sonrisa. Gracias por todos esos grandes momentos que aún juntos nos quedan por vivir, y sobre todo, gracias por recordarme, cada día, lo grande que es ese pequeño rubio italiano que, no contento con los karts, los cambió por las minimotos para convertirse en el dios del motociclismo.



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